Cuerpo de Mujer

Tengo cuerpo de mujer. Vivo y habito en él. Con un toque de canela. Almendras y olivas en mi esencia. Movimiento, reflexión, estado de (re)encuentro. Escudriño dentro de mi ser y me descubro jugueteando con las piedras. El río, y yo sin ropa, hechizada bajo el sonido y la calidez de tus(sus) aguas…

Somos nuestras representaciones. Nuestra misma existencia consiste en las imágenes que nos hacemos de nosotr@s mism@s.*1

cuerpo de mujer

Las representaciones del cuerpo llevan implícitas significaciones, diferenciales respecto a la alimentación-nutrición, modelos estéticos corporales, procesos de salud enfermedad. Además comunican información acerca de la identidad social y cultural. *2

Sentirse mujer no es algo estático o uniforme sino que está en continua transformación pues se trata de un proceso dinámico, complejo y plural. Pero, además, las prácticas sociales, la identidad de género… son fenómenos corporales que se insertan y se viven desde un cuerpo.*3

Cada cultura construye su forma de percibir y relacionarse con el cuerpo. Pero a la vez que el cuerpo se inserta en una realidad socio-histórica también goza de su propia particularidad subjetiva: la valoración propia que cada sujeto hace de sí o para sí. Y esta valoración va más allá de lo meramente físico, o del mero envoltorio con el que nos mostramos y nos comunicamos con l@s demás. Nos relacionamos con un cuerpo que siente, piensa, se alegra, grita, llora por cada uno de los poros de su piel, sus pelos, sus órganos, sus infinitas células… Sin embargo nos metemos en un atolladero cuando hacemos del envoltorio la totalidad y nos acabamos identificando y valorando a través de esta particularidad desde lo superfluo, desde un cuerpo al que contemplar, alienado de la esencia, de las necesidades más íntimas y de su realidad. Muchos intereses hay detrás de tanta inconformidad suscitada especialmente en los cuerpos de las mujeres, cosificados, concediéndoles valía a través de su aspecto físico y su adecuación (o no) al modelo imperante de belleza y de eterna juventud. El éxito en el malestar está garantizado (y con ello el de las industrias farmacéuticas, cosméticas, cirugía estética, alimentación…) pues por una parte con los años el cuerpo se modifica (por mucho empeño que pongamos no será igual a los 20 que cumplidos los 40…) y por otra, las mujeres… ¿somos todas iguales? ¿dónde quedó el valor de la diferencia para enriquecernos y cuidarnos, gozarnos desde nuestras propias particularidades? El cuerpo ausente*4 . El “ser para otr@s” y el “cuerpo también para otr@s”, hace devaluar el cuidado del propio cuerpo y la percepción de señales de enfermedad en pro de la mirada y el cuidado de l@s demás.

Tanto es así que si se obvia el espacio para el autocuidado y el autoconocimiento, nos desconectamos de nuestros sentires y damos rienda suelta para que nuestros malestares, y a veces de manera insidiosa, se manifiesten en nuestro cuerpo (aunque no siempre lo hagan en la conciencia). Prueba de ello, por poner un ejemplo, es el síndrome premenstrual, hipermedicalizado, sufrido con dolor por muchas mujeres. Interiorizar la naturaleza cíclica del ciclo menstrual y permitirnos espacios de descanso, relax, priorizándonos, soltando ataduras y convencionalismos sociales, permitiéndonos que no siempre podemos estar disponibles y/o… ¿disponibles para qué? ¿disponibles para quién?
Como alternativas ecológicas para recolectar tu menstruación (copa de luna, compresas de tela, sangrado libre…) os recomiendo la increible web de Carol, Soñando Duendes:
http://www.soniandoduendes.com

 

Catherine Northrup cuenta que a través de varios ensayos que hizo se dió cuenta de que las mujeres podían dibujar perfectamente un pene pero ninguna podía representar graficamente una vulva reconocible. Sólo tenían imágenes de la vulva de la industria del porno y la higiene.*5 No es de extrañar teniendo en cuenta que todavía hoy en los libros de conocimiento del medio de primaria aparece el aparato reproductor femenino (sólo la parte interna) y chin-pún como por arte de magia nada por aquí, nada por allá…

¿Dónde quedaron los genitales externos femeninos?

Según Aristóteles, citaré a continuación modelos del constructo simbólico a través de las palabras y el pensamiento a lo largo de la historia, sólo el hombre disponía de suficiente energía para desarrollar partes sexuales completas. Galeno veía el genital femenino como uno masculino invertido y, Lacan, pensaba que si no tienes pene no tienes órgano sexual verdadero.

Reconquistar la vulva desde lo conceptual, lo semántico y lo lingüístico. Decir clítoris. Clí-to-ris. Apropiarnos de nuestra genitalidad, de nuestro cuerpo entero. Más allá de lo que llamamos el glande del clítoris, que vendría a ser un botoncito con milllones de terminaciones nerviosas y con una potente irrigación sanguínea que le concede gran sensibilidad; la manera de aproximarse al clítoris y el deseo de ello será imprescindible para disfrutarlo y sentirlo como placentero. El clítoris es en realidad el complejo clitoral con toda una estructura interior (sólo vemos su glande, el botoncito, ¡¡la puntita del iceberg!!) por detrás de los labios conectándose en su base o sus bulbos con la cara anterior de la vagina (que al estímulo desde ahí podría producir sensaciones placenteras atribuidadas al legendario puntoG).

Trabajos como el de Eve Ensler (Monólogos de la vagina) son valiosísimos para dar voz a las mujeres y a sus vivencias en primera persona. Sin embargo… ¿por qué lo llaman vagina cuándo quieren decir vulva? O la rapera Lady Bitch Ray con su ≪sombrero vagina≫,
que diseñó para sus actuaciones bajo su sello Vagina Style y no es otra cosa que un sombrero con forma de vulva…

Quizá la lingüística nos juega malas pasadas porque quedan en el cuerpo insertados multitud de mensajes relacionados con la reproducción y  parece ausentarse el placer…

Hablar de vulva es importante. De clítoris. Como también es importante hablar de caricias, besos, succión, cuello, nalgas, abrazos, pezón… Cada una encontrará en su cuerpo infinidad de lugares propios para el deleite y maneras de deleitarse. Vivirse/sentirse mujer desde la aceptación y la alegría de sentirse única y especial.
El feminismo permitió un nuevo criterio de definición, explicación y entendimiento sobre qué supone ser y vivirse mujer. Los sexos, desde la Sexología Sustantiva, como revolución lenta pero estelar en la modernidación de los sujetos y sus identidades, de sus relaciones…
Permanecer y transcurrir no es perdurar, no es existir ¡ni honrar la vida! Hay tantas maneras de no ser, tanta conciencia sin saber adormecida… Merecer la vida no es callar y consentir tantas injusticias repetidas… ¡Es una virtud, es dignidad! Y es la actitud de identidad más definida. (Eladia Blázquez)
Es aquí y es ahora. Es el tiempo de amar(se), disfrutar(se), gozar(se), celebrar(se), …

*1 Natachee Scott Momaday

*2 Bourdieu, La dominación masculina

*3 Mari Luz Esteban, Antropología del cuerpo.

*4 Andrea Rodó

*5 Catherine Northrup, Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer